Con todo respeto: ¡Ya pónganse las pinches pilas!

Con todo respeto: ¡Ya pónganse las pinches pilas!

Escrito por:
Luis David García

Harakiri

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En el surrealista ecosistema de la política poblana, se ha ido perfeccionado el arte de la cortesía para disfrazar el llamado tras bambalina o ante los medios de comunicación. El gobernador Alejandro Armenta, con esa calidez tan propia de quien sabe que está rodeado de gente que todavía no termina de despertar de la siesta sexenal, lanzó un mensaje cargado con “todo cariño y todo respeto”. Pero, que traducido del lenguaje diplomático al lenguaje de la realidad —ese que se entiende en las calles y no en las oficinas climatizadas—, es el de “¡Ya pónganse las pinches pilas!”.

Puebla, ese estado que alguna vez presumió ser la cuarta economía y fuerza política del país, parece haberse quedado atrapado en un bucle de infortunios. Entre la tragedia, la transición eterna de Pacheco Pulido, el “estado fallido” de la era barbosista y el interinato de Sergio Salomón que apenas sirvió para medio tapar las grietas, la entidad perdió el ritmo. Dejamos de ser el referente del desarrollo para convertirnos en un laboratorio de incertidumbre.

Hoy, la misión de Armenta no es solo administrar, sino resucitar a un muerto. Durante su reciente encuentro con directores de medios, fue claro: el primer año fue para marcar el ritmo. Y el ritmo de Armenta no es de vals, es de maratón. El problema es que muchos de sus funcionarios parecen estar esperando a que le traigan el café a la cama. Se subieron a un ladrillo de poder y ya les dio mal de montaña; se les olvidó que son simples mortales cuya única función es servir, no servirse.

Esos servidores públicos, aletargados y mareados por el privilegio, esos que dejan de contestar mensajes deben entender que los sábados y domingos no son para el “socialité”, sino para estar “en chinga” en las colonias y juntas auxiliares. El estado no aguanta más funcionarios de escritorio que confunden la innovación con cambiar la foto de perfil en Facebook.

Pero el jalón de orejas no termina en el CIS. El llamado también va para los presidentes municipales, especialmente los de casa. Esos alcaldes que, en lugar de pavimentar calles, se han dedicado a pavimentar sus propias cuentas bancarias. Morena ya anunció que el próximo 17 de enero sacará la báscula para evaluarlos. Ya era hora. El nepotismo, el desvío de recursos y las observaciones por corrupción no pueden ser la marca de la casa. No se puede hablar de “ni robar, ni mentir” mientras el municipio se cae a pedazos y la nómina está llena de primos y compadres.

Puebla tiene la ubicación estratégica, tiene la población y tiene la historia para recuperar su lugar como la cuarta potencia nacional. Lo único que le falta es que la clase política deje de ver el cargo como una beca vitalicia.

El gobernador ya puso el metrónomo. La pregunta es si su equipo y los alcaldes tienen el oído suficiente para seguir la música o si seguirán bailando a su propio y corrupto son. Porque el “cariño y respeto” tiene un límite, y la paciencia de los poblanos, esa ya se agotó hace varios entierros de gobernadores atrás.
Así que, señores funcionarios: menos selfis, menos soberbia y más chamba. O como diría el gobernador en su traducción más honesta: Pónganse a trabajar de verdad, que para calentar la silla ya hubo demasiados.

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