Las “desventajas” de Blanca Alcalá como oposición

Blanca Alcalá no llega al PAN como militante, sino como instrumento. Su incorporación al CEN no es un gesto simbólico

Las “desventajas” de Blanca Alcalá como oposición

Escrito por:
Martha Berra

Praxis

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Cuando Blanca Alcalá Ruiz afirma que “no está en su agenda” ser candidata del PAN a la alcaldía de Puebla, al mismo tiempo que acepta la cartera de “alianzas estratégicas” en el Comité Ejecutivo Nacional (CEN), la frase deja de ser una negación y se convierte en una señal.

Las elecciones intermedias de 2027 ya comenzaron en 2026. Y las piezas se están acomodando con anticipación quirúrgica, sobretodo las de la oposición o de lo contrario llevan todas las de perder (otra vez).

Blanca Alcalá no llega al PAN como militante, sino como instrumento. Su incorporación al CEN no es un gesto simbólico, es una apuesta por capital político con experiencia, apellido conocido y capacidad de interlocución con élites que el PAN ha perdido en Puebla.

En términos más sencillos, llega como puente, pero también como eventual candidata de consenso en un escenario de alianzas opositoras. Sin embargo, el principal obstáculo para Alcalá Ruiz no es Morena como partido, sino los perfiles que el partido guinda ya tiene en fila.

Empezando por José Chedraui Budib, el actual alcalde, es el alfil natural de continuidad. Si decide buscar la reelección, lo hará con la maquinaria municipal, visibilidad permanente y una narrativa de estabilidad urbana que suele ser rentable electoralmente. En términos prácticos, Chedraui jugaría con ventaja estructural por presupuesto, agenda mediática y territorio.

Laura Artemisa García Chávez, desde Bienestar, representa otra ruta que es la política social territorializada. Si Morena decide apostar por un perfil con narrativa social, programas y cercanía con bases populares, Artemisa podría ser la carta de género y territorio, con discurso de política pública y presencia en tierra.

Y finalmente, José Luis García Parra, coordinador de gabinete, que encarna la lógica del operador político. Si el gobernador, Alejandro Armenta, decide impulsar un perfil de confianza y de control de estructura, García Parra sería el candidato del poder real, no necesariamente del aplauso, pero sí del aparato.

Así que nos guste o no, Morena tiene estructura y continuidad. Aunque Blanca Alcalá es sinónimo de experiencia, institucionalidad y memoria política, pero también es pasado priista y eso ya huele a que tendrán que ir en coalición o no hay de otra.

El PAN en Puebla no tiene hoy una figura competitiva y la estrategia lógica es buscar una figura conocida, moderada, con discurso de gobernabilidad y que si no suma votos, por lo menos les sume estructura y Alcalá cumple ese perfil. Pero también carga con el peso de haber sido parte de un partido que hoy ya está casi muerto, al menos en la entidad.

¿Puede Blanca Alcalá ser una figura real de oposición frente a Morena?
Sí, en el papel.
Sí, en las mesas de negociación.
Sí, en las cúpulas partidistas.
Pero en la calle, frente a Chedraui, Artemisa o García Parra, su principal desafío será romper la narrativa de que representa al pasado.

Decir que “no está en su agenda” hoy es una forma elegante de no quemar tiempos. Pero en política, las agendas se escriben con lápiz y ella acaba de tomar asiento en la mesa donde se redactan.

La pregunta no es si quiere ser candidata o si puede serlo. La pregunta es si, llegado el momento, alguien más tendrá mejores cartas para enfrentar a Morena.

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